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Glaucoma

El término «glaucoma» procede de la palabra griega glaukós, que significa «claro».

 

El glaucoma es un grupo de enfermedades complicado, ya que generalmente se desarrolla lentamente, a lo largo de varios años y sin manifestar ningún síntoma. Es posible que al principio no detecte que algo no va bien, ya que esta afección generalmente comienza a manifestarse en forma de puntos ciegos en la parte exterior (periférica) del campo de visión y que pasan desapercibidos. Esto es habitual con la forma más común, el glaucoma de ángulo abierto. Cuando comienza a hacerse evidente el trastorno, con una pérdida gradual de la visión, el glaucoma ya ha avanzado bastante. Si sucede esto, póngase en contacto con un oftalmólogo lo antes posible, ya que esta afección puede causar ceguera.

 

Si bien el glaucoma generalmente afecta a ambos ojos, es posible que estos no se vean afectados por igual. El ojo más sano puede ayudar durante un tiempo si el otro empieza a perder partes del campo visual.

¿Qué es...?

A nivel mundial, el glaucoma es la causa más habitual de pérdida de visión. Afecta al nervio óptico, que conecta el ojo con el cerebro (en la parte trasera del interior del globo ocular). Muy a menudo, los daños se producen cuando la presión intraocular (PIO), el principal factor de riesgo de glaucoma, es demasiado elevada. Esto sucede cuando se obstruye el drenaje del humor acuoso, un líquido acuoso que rellena el espacio entre la córnea y el cristalino y que, entre otras cosas, mantiene la tensión normal del ojo. Existen al menos 50 tipos distintos de glaucoma.

Factores de riesgo

Algunos de los factores de riesgo del glaucoma son:

  • Hipertensión ocular o presión intraocular (PIO) elevada: la tensión del ojo aumenta porque el flujo de salida del humor acuoso (que mantiene la tensión normal del ojo) se ve afectado por algún motivo.

La presión intraocular depende de diversos factores y puede variar cada hora, cada día o semana. Una presión normal varía estadísticamente entre 10 y 21 mm Hg (milímetros de mercurio, una escala empleada para medir la PIO). Una presión ocular ligeramente elevada (22-33 mm Hg) no tiene por qué causar necesariamente defectos relacionados con el campo visual. Sin embargo, si la PIO es superior a 30 mm Hg, el riesgo de sufrir glaucoma se multiplica por 40. En general, cuanto mayor es la presión ocular, mayor es el riesgo para el nervio óptico. Sin embargo, en algunos pacientes con glaucoma es inferior a 21 mm Hg. En otras palabras, la tolerancia a la presión del nervio óptico depende también de cada persona.

  • Edad: por cada diez años de edad se duplica el riesgo de sufrir glaucoma (esta afección es más habitual en personas de más de 60 años y raramente se manifiesta en personas menores de 40 años).

  • Antecedentes familiares: los pacientes con antecedentes familiares de glaucoma tienen entre 3 y 9 veces más probabilidad de sufrir este trastorno.

  • El conocido como síndrome de exfoliación, que es habitual en los países nórdicos (manchas grisáceas en la superficie del cristalino que pueden ser detectadas por un oftalmólogo mediante un microscopio).

  • Miopía («vista corta»): si tiene más de 3 dioptrías de miopía, el riesgo de glaucoma es entre dos y tres veces mayor.

  • Raza: las personas de origen africano o afrocaribeño tienen entre 5 y 6 veces más probabilidad de sufrir glaucoma que las personas de raza blanca.

  • Otras enfermedades: la diabetes, la arteriosclerosis (endurecimiento de las arterias) y la hipertensión (tensión arterial elevada) pueden afectar al flujo sanguíneo del ojo y hacerle más propenso a sufrir trastornos glaucomatosos.

Diagnóstico

Visite a su oftalmólogo:

  • no mas tarde de cumplir los 40 años

  • si tiene entre 40 y 60 años de edad, cada 5 años

  • si tiene más de 60 años de edad, cada 2‑3 años

Para detectar el glaucoma, el médico le examinará ambos ojos con un microscopio especial, conocido como lámpara de hendidura, que permite obtener una vista tridimensional ampliada de las estructuras oculares. Al combinarse con lentes especiales, puede visualizarse en particular el fondo del ojo, donde se encuentra situado el nervio óptico (en las personas con glaucoma, se producen cambios específicos que pueden detectarse en esta zona).

 

Su oftalmólogo le medirá también la presión intraocular así como el espesor de la córnea, dado que esto puede afectar a la lectura de la presión. También evaluará mediante una gonioscopia el ángulo en el que su iris se une con la córnea. Además, también es posible que se evalúe su campo de visión mediante una prueba conocida como perimetría.

 

Si se diagnostica glaucoma, generalmente se inicia un tratamiento específico para reducir la presión intraocular.

 

Si hay hipertensión ocular pero no se observan signos de glaucoma, puede que se le mantenga en observación sin iniciar tratamiento o bien que se inicie un tratamiento profiláctico. En cualquier caso, el oftalmólogo tomará esta decisión de manera individualizada.

Tratamiento

El tratamiento del glaucoma se basa en la disminución de la presión intraocular. El objetivo es ralentizar la progresión de la enfermedad. Por desgracia, no es posible recuperar la visión que ya se haya perdido. Generalmente, las opciones terapéuticas son las siguientes (por orden de prioridad):

  1. Medicamentos (colirios)

  2. Tratamiento láser

  3. Cirugía

El tratamiento farmacológico del glaucoma generalmente se mantiene de por vida. Para el tratamiento a largo plazo debe considerarse la utilización de un colirio sin conservantes para garantizar la óptima tolerabilidad del medicamento. Los medicamentos actúan reduciendo la cantidad de humor acuoso (ej., betabloqueantes) o aumentando el drenaje del humor acuoso (ej., análogos de las prostaglandinas). Es fundamental que utilice el medicamento tal y como le haya indicado su médico, ya que solo le ayudará si lo utiliza correctamente.

 

Como alternativa, el tratamiento láser (trabeculoplastia por láser) del ángulo de la cámara ocular tiene como finalidad mejorar el flujo de salida del humor acuoso para disminuir la tensión, al menos durante unos años. En caso de que el glaucoma siga progresando pese al tratamiento farmacológico o láser, podrá realizarse una intervención quirúrgica.

 

La intervención quirúrgica más habitual para tratar el glaucoma es la trabeculectomía. Este procedimiento se realiza para aliviar la tensión intraocular extirpando parte de la malla trabecular del ojo y de las estructuras adyacentes. Permite el drenaje del humor acuoso del ojo hacia debajo de la conjuntiva, donde es absorbido.